
El alma es infinita en su dimensión, expansión y grandeza. No tiene límites. Siempre busca ir más allá y experimentar nuevas cosas. Los que le ponemos los límites somos nosotros a través de nuestro condicionamiento mental, las jugadas del ego y la separación que sentimos respecto a nuestra alma.
Creemos que estamos separados de ella, que somos dos entidades diferentes que cada una se mueve por un lugar, pero no es así. Somos uno con nuestra alma. Ella forma parte de nosotros y nosotros formamos parte de ella. Somos un equipo y ambos nos necesitamos para evolucionar.
El alma nos da señales de lo que quiere vivir para seguir expandiéndose a través de las intuiciones, los deseos, las corazonadas, los sueños, las casualidades… De alguna manera siempre está intentando conectarse con nosotros pero ¿y le hacemos caso?
Luego nos lamentamos que si las cosas nos van mal, que si no estamos en el camino correcto, que no estamos viviendo lo que creemos que tendríamos que vivir, etc. Esas sensaciones son una llamada del alma diciendo que hay que cambiar el rumbo, que eso no es lo que toca vivir. Y repito la pregunta ¿le hacemos caso?
Para vivir la vida desde el punto de vista del alma, se necesita mucho valor, fuerza y coraje. Hay que cambiar la forma de vivir a la que estamos acostumbrados, las creencias, los hábitos, las personas, a veces el trabajo…y eso tiene un coste emocional que al principio puede no gustarnos, pero sabes ¿qué pasará si empiezas a escuchar los susurros de tu alma y a hacer las cosas que REALMENTE sientes que tienes que hacer?
Esta pregunta no te la respondo yo. Te dejo que tu mismo/a encuentres la respuesta y luego si quieres la compartas conmigo. Verás que gran oportunidad de ser feliz tienes a partir de este momento en el que vas a sentir a tu alma…